EL MENTIROSO

mentiroso

Era el mentiroso “oficial” del pueblo; él lo sabía, pero, en el fondo le halagaba. En las reuniones, los vecinos hacían apuestas para ver quién acertaba cuántas verdades decía. Cuando alguien contaba una historia, él se inventaba otra sobre la marcha, que siempre dejaba pequeña la anterior; si a alguien le gustaba la aviación, pues él estuvo a punto de ser piloto; si otro hablaba de alpinismo, él había intentado subir al Everest; si aquél comentaba de fútbol, a él quiso ficharlo uno de los grandes equipos. En fin, él nunca se quedaba atrás.
Un día, unos chiquillos, se inventaron una historia, y, “en secreto”, se la contaron a él.
A alguien del pueblo le había tocado la lotería, un monton de dinero, pero no se sabía quién era. El mentiroso se lo creyó, y durante unos días estuvo ojo avizor; lo comentó en el bar, y los amigos le “confirmaron” que, efectivamante, algo se rumoreaba, pero que el afortunado, seguro que no iba a comentar nada. El mentiroso estaba desesperado, indagando aquí y allá, para ver si se enteraba de algo.
Pasaron unas semanas, y viendo que no se producía ninguna noticia sobre el ganador, se presentó en el bar: “Amigos –dijo-, voy a contarles un secreto: ¡el ganador de la lotería he sido yo!”. Sus amigos fingieron una gran alegría, y él, con cara de satisfacción, repartía abrazos por doquier. Entonces, uno de ellos le dijo que eso merecía salir en televisión, que él tenía un amigo que trabajaba en una cadena, y que le iba a pedir que le hicese una entrevista; el mentiroso, orgulloso aceptó. Al día seguiente se fue a la ciudad, y se compró un traje de “marca” y una corbata de seda.
Habían pasado tres días, cuando llegó al pueblo el “periodista” y un “cámara” de la tele. En su casa, con su traje nuevo y su corbata, sentado en el sillón, con gesto grandilocuente, fue contestando a las preguntas que le hacían: “¿Cuánto ha ganado? ¿Qué va a hacer con tanto dinero? ¿Está usted contento? ¿Cómo se enteró que era el afortunado?; en fin las preguntas de rigor. Terminó el reportaje, y cuando ya se habían ido los “chicos de la tele”, cayó en la cuenta de qué no se había enterado cuál era el canal para el que trabajaban; se fue al bar y se lo preguntó al amigo, y éste le dio un nombre ficticio.
Fueron pasando los días, y el mentiroso, pegado al televisor, no salía de su casa. De vez en cuando, se le veía por el pueblo; ahora con una antena parabólica al hombro; luego con un amplificador y otro día con un gran televisor de última generación.
¡Pobre infeliz! A pesar de todos los gastos que había hecho, nunca pudo ver su reportaje.

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6 comentarios sobre “EL MENTIROSO

  1. Me ha dejado sin palabras tu historia, contada de una forma singular, quien de su boca salen chorros de mentiras termina ahogado en un lago de las mismas.

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