LA CASA ENAMORADA

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Él estaba casado y tenía tres hijos pequeños. Trabajaba como camarero en un restaurante de la ciudad. Su esposa se ocupaba de los niños, de la casa y de ir a limpiar, dos veces por semana, la vivienda del señor del pueblo. Vivían en la casa de su padre, pues con lo que ganaban no podían siquiera alquilar una.
Un lunes, que era el único día de la semana que él descansaba, les visitó un señor de mediana edad. Venía bien trajeado, con corbata a juego, zapatos brillantes y un maletín en la mano. Él lo recibió en el patio de la casa.
– Usted no tiene vivienda, verdad. -le comentó el señor del maletín-
– No, señor. Con lo que ganamos no podemos permitirnos ese lujo.
Entonces el visitante le explicó que ahora todo era más fácil, que el Banco que él representaba podía hacerle una hipoteca, que no se preocupara por nada, qué además esa era la única solución para que pudiese tener una casa.
– ¿Pero qué hipoteco, si no tengo nada?, le dijo.
– No se preocupe, podemos hipotecar esta casa, aunque sea de su padre. No hay problema.
Le puso la miel en los labios: de pronto se vió viviendo con su esposa y con sus hijos con algo de independencia. No se construiría una gran casa, pero podrían ampliar la de su padre. Habló con él y su padre le dió el visto bueno.
Pasaron unos años. Había hecho unas habitaciones adosadas a la vieja casa y se había comprado un pequeño coche de segunda mano. Tenían que hacer verdaderos milagros para ir pagando la hipoteca, y un día le dieron la noticia que, realmente, él estaba ya esperando. Le llamó su jefe y le dijo que, sintiéndolo mucho, tenía que cerrar el restaurante; el negocio iba de mal en peor y ya no podía sostenerlo.
Perdió su empleo, y pasó a formar parte de la lista interminable de desempleados; cobraba una miseria, y para que sus hijos pudiesen comer, tuvo que dejar de pagar la hipoteca. El sueño dorado llegaba a su fin. El director de aquel Banco le dijo que él no podía hacer nada, que esto funcionaba así y que si no pagaba perdería la casa.
Aquella mañana fué muy dura y triste para toda la familia: desde el Banco le comunicaron que al día siguiente irían a tomar posesión de la casa, la casa hipotecada, la casa que era de sus padres. Se irían a vivir con la tía Engracia, que estaba viuda y no tenía hijos, pero todos los esfuerzos y el duro trabajo habían sido en vano.
Esa misma noche, parte de los vecinos del pueblo sintieron como un pequeño temblor de tierra. A la mañana siguiente comprobaron que, por suerte, no había ningún desperfecto en las viviendas. Él se fué con su padre hasta la vieja casa, que estaba un poco distante del pueblo, pues tenían que entregar las llaves al representante del Banco.
Cuando llegaron a la vieja casa él, por primera vez en mucho tiempo, sonrió. Se fueron hasta la pequeña plaza, en la que había una cabina telefónica, y llamó al director del Banco:
– Señor director, dijo, es imposible entregarle la casa.
– ¿Por qué?, preguntó angustiado el director.
– Porque la vieja casa estaba muy enamorada de mi padre, y anoche decidió suicidarse. Señor director, no envíe a nadie con traje, corbata y zapatos brillantes, sólo hace falta un camión y una máquina para que se lleve los escombros.
Colgó el teléfono y su padre, llorando, lo abrazó.
– Vamos, hijo, vamos al Bar de Manuel, y allí nos tomaremos dos copas de ron.

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12 comentarios en “LA CASA ENAMORADA

  1. La vida misma
    De toda formas al del banco le da igual la casa y ellos ya están en una lista de morosos y … en fin. Pero si por lo menos les sirve de desahogo y el banco tiene una propiedad menos.., Espero que sean felices!
    Un saludo Jesús.

    1. ¡Hoooola, Vicky! Me alegro saludarte. Desgraciadamente esto es “el pan de cada día”. ¡Maldito dinero! me gustaría poder gritar pero no puedo.
      Un abrazo cordial.

  2. lorienrocks 10/05/2013 — 06:21

    Triste y emotiva. Un placer leerte.

    1. Gracias. Si, triste, pero por desgracia eso nos ha tocado vivir.
      El placer es mío.
      Un abrazo.

  3. ¡Ay, si los desahuciados contaran, por lo menos, con la justicia poética!

    1. Tienes razón, pero, cruelmente, salvo unos pocos, la sociedad damos la espalda a este gran problema.
      Gracias por entrar en mi blog. Te seguiré.
      Un saludo desde mi Isla de Tenerife.

  4. Excelente relato y el final mejor aún.
    un saludo

    1. Gracias. Eso nos ha tocado vivir y, por desgracia, salvo unos pocos, la sociedad le damos la espalda a este problema.
      Un fraternal abrazo.

  5. cosas de la vida. Emotivo relato amigo un abrazo

    1. Hola, Ruben. Gracias por tu comentario. Como tú dices, son cosas de la vida. De esta vida que, algunas veces, nos complicamos tanto.
      Un abrazo desde Canarias.

  6. Magnifico, que redacción mi amigo, puedo imaginar la casa y la angustia del hombre, al final la casa tuvo su desamor, y se suicido, un cierre que me gusto mucho, y si la quieren los del banco que toman lo que ya no esta ni puede estar sin amor, sin vida. Excelente, me recordó a “Casa tomada” del señor Julio Cortázar. Me ha gustado mucho. Los sueños, y el amor de la casa por quienes se sangraron por ella y por sus sueños.

    1. ¡Qué comentario, Azkre!. En si mismo es todo un poema. ¡Felicidades!
      Un abrazo cordial.

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